  
La Tercera Profecía Maya
Un Legado de Símbolos, Conceptos y Profecías
Su validez en los albores del Siglo XXI:
“El Tiempo del No Tiempo”
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Nuevamente, estamos aquí para describir los ecos de las voces de los mayas; nos hablan de un camino para asumir la vida y las decisiones de manera consciente. Ellos vivieron sin fronteras, sin límites ni propiedades; sólo buscando el bien común. Desaparecieron misteriosamente en el año 830 d.C., de una manera, aún no explicada científicamente, precisamente, en el clímax de su civilización. No pretendieron tener la respuesta a todas las preguntas del mundo; sólo quisieron vivir en sincronía con la Naturaleza y con la mente abierta al Cosmos. Con la Primera Profecía, nos hacen conscientes de que no somos “ruedas sueltas” en el Universo, que éste tiene ritmos que comienzan y terminan. Con la Segunda Profecía nos entregan un espejo para reflejar nuestras relaciones, la que tenemos con nosotros mismos y la que tenemos con los demás. En esta Tercera Profecía lo que debemos analizar, es nuestra relación como individuos y como especie, con el Planeta en el que vivimos. A continuación, acompáñenos a abrir los elementos que normalmente vemos sueltos, para convertirlos en una fuerza generadora de conciencia, abundancia y prosperidad.
En la Primera Profecía, los mayas afirman que el Universo tiene ciclos, vale decir, períodos de tiempo que comienzan y terminan, como el día y la noche. Según ellos, actualmente, nos encontramos al final de un ciclo, en un período de transformación llamado “El Tiempo del No - Tiempo”, que terminará el sábado 22 de diciembre de 2012, oportunidad en la cual, se habrá cambiado, por completo, al Planeta y a la humanidad o, si se quiere, a la Morada y sus moradores”. Esta Profecía afirma que el Sistema Solar se desplaza en una elipse, que lo aleja y lo acerca al centro de la Galaxia, de donde, cada 5125 años, recibe un “rayo sincronizador”. Es como el “latir lumínico” del corazón de la Galaxia, que palpita para sincronizar a todos los seres vivos del Universo, aumentando, periódicamente, su nivel de vibración, conduciéndonos a una mayor armonía. Los mayas predijeron que, el miércoles 11 de agosto de 1999, la Luna eclipsaría al Sol y, los Planetas del Sistema Solar se alinearían para reflejar la energía hacia la Tierra, acelerando fuertemente, todo el proceso de transformación.
En la Segunda Profecía, los mayas dicen que, al aumentar la frecuencia de vibración del Planeta, su latido y nuestras células que también vibran permanentemente, tratan de sincronizarse armónicamente, con el nuevo ritmo de vibración. Las células tratan de balancearse con el Planeta, produciendo enormes cambios en el comportamiento de los hombres. En este “Tiempo del No - Tiempo”, vale decir, durante estos últimos 20 años antes de la conclusión del presente ciclo (1992 – 2012), el hombre se enfrentará a sus miedos, a sus angustias, a lo que lo hace sufrir, a lo que no lo deja ser feliz, a todas sus vibraciones bajas para sanarlas y poder así vibrar más alto con el Planeta y con el Universo. El miedo, el odio, la agresión y la intolerancia, producen vibraciones bajas, mientras que, el amor, la paz, la comprensión, así como el respeto por todo lo que existe, producen vibraciones altas.
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